En Nicaragua bailan a Santa Ana

Associated Press
En esta foto del 30 de julio de 2013, fieles católicos portan la estatua de Santa Ana y el Niño Jesús, y a su lado Joaquín, el esposo de Ana, en Nandaime, Nicaragua. En Nandaime cada año se rinde culto a Santa Ana, la madre de la Vigen María. (AP Photo/Esteban Felix)
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NANDAIME, Nicaragua (AP) — El pequeño Alexander Larios de 10 años cruza la oscura sala de su casa con una gran sonrisa mientras su madre se prepara para cumplir su promesa de llevarlo a "El Cartel", un carnaval donde niños y jóvenes bailan a Santa Ana por las calles de su pueblo vestidos de manera contraria a su género.

"Pasó dos días llorando porque le dije que no saldría porque estaba muy cansada. Al final esa lloradera me convenció y ahí está, el chavalo feliz, va a bailar en 'El Cartel''', cuenta su madre Karen Cruz a The Associated Press.

Antonio Morales, un carpintero jubilado de 93 años y uno de los más reconocidos organizadores de "El Cartel" asegura que fue su abuelo quien inicio la tradición cuando ofreció a la santa un baile y música para agradecer la curación de su esposa gravemente enferma.

Don Tono, como lo llaman cariñosamente en el pueblo, explica que en el carnaval se utiliza vestimenta de mujer porque al organizar el primer baile "mi abuelo contrató a unas personas y uno de ellos ofreció vestirse de mujer en honor a mi abuela". La fiesta en honor a la madre de la Virgen María se celebra durante dos semanas cada año.

Ofelia Larios, de 91 años, reconocida profesora e historiadora del pueblo, explica que Santa Ana llegó a Nandaime cuando "la encontraron debajo de un palo (árbol) de jícaro en el río Chiquito... después de que la iglesia quedó destruida por un terremoto en 1822".

Cruz apura a su hijo con su vestimenta y lo lleva al frente de la casa donde hay mejor luz para prepararlo. "Usted sabe, tiene que quedar como una niña", dice mientras el pequeño protesta "yo no soy niña" con voz enojada y frunciendo el ceño. La mujer abre una bolsa plástica con una variedad de accesorios para maquillarse y comienza la transformación.

"Lo hago porque mi abuela María me lo pidió porque ella ya no puede salir, está enferma con cáncer y ya no puede bailar a Santa Ana. También lo hago por mantener las tradiciones de mi pueblo y porque me gusta lo voy a hacer por el resto de mi vida", dice el niño con la voz entrecortada y los ojos llorosos.

Para el niño Larios y su madre esta fiesta no afecta su sexualidad. "Aquí es normal, es sólo hoy y lo hacen por la fiesta. Yo lo acompaño todo el recorrido, ellos (los niños y jóvenes) se bromean por cómo se ven vestidos... después no pasa nada", dice Cruz y recuerda que de niña se vestía de hombre y perseguía a sus amigas.

Los pobladores desfilan por Nandaime, a 67 kilómetros de Managua, con una plataforma que sostiene las estatuas de Santa Ana, con bebé a María en su regazo y su esposo San Joaquín a su lado. La gente le agradece los pedidos cumplidos fijando colgantes de partes del cuerpo, animales y otras cosas en la túnica de la estatua. Los hombres se deslizan por la ciudad con toros de cartón que despiden fuegos artificiales. La gente hace fiestas en las calles, se instala un circo y hay hasta un concurso de doma de toros. Jinetes guían a un toro por la ciudad y las personas adornan su cuello con flores de papel como una forma de dar las gracias a la santa patrona.

El niño Larios y sus amigos suben a una vieja camioneta de color blanco para llegar más rápido a la fiesta que ya empezó. A lo lejos se escucha la música y los fuegos artificiales. Niños y niñas vestidos de manera inversa a su género van acompañados por sus madres.

El padre de uno de los niños que maneja la camioneta pregunta si ya están todos listos para salir. Pero a una cuadra de la fiesta el vehículo deja de funcionar. Los niños deciden bajar de manera apresurada y corren hacia la multitud para perderse entre otros niños.

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