Quitarse los zapatos y andar descalzos (por casa), un placer muy saludable

Quitarse los zapatos nada más entrar en casa es un placer y un hábito saludable, según confirman podólogos y  científicos.

 

El césped y la arena, las dos superficies más adecuadas para caminar descalzo.
El césped y la arena, las dos superficies más adecuadas para caminar descalzo.

De hecho, si tenemos un pie sano, y lo hacemos sobre una superficie adecuada, el hábito de caminar descalzos durante unos 30-45 minutos al día nos puede reportar interesantes beneficios.

Nos descalzamos porque nos sentimos bien, y esto es así porque al plantar el pie desnudo en una superficie (limpia y sin alteraciones estructurales) se estimulan todas las terminaciones nerviosas de los pies, lo que desencadena de manera inmediata un efecto relajante.

También nos sentimos liberados, y es que caminar descalzo favorece la movilidad y ayuda a mejorar la estabilidad y la musculatura del pie. Por eso, los pediatras recomiendan que los niños caminen descalzos para favorecer su desarrollo.

Pero los beneficios no acaban ahí. Según los especialistas, andar descalzo ayuda a aliviar los dolores de espalda, la rigidez muscular del cuello, e incluso, contribuye a mejorar la prevención de las cefaleas.

Asimismo, el contacto directo de nuestro pies con una superficie adecuada, a una buena temperatura ambiental, favorece la circulación venosa y previene las varices.

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En concreto, expertos del Colegio Oficial de Podólogos del País Vasco, aseguran que caminar descalzo por casa es especialmente beneficioso en invierno porque nos ayuda a recuperarnos de los 'abusos' que cometemos en la época estival.

 

Los ejercicios de estiramiento y los masajes también contribuyen a mejorar la salud general.
Los ejercicios de estiramiento y los masajes también contribuyen a mejorar la salud general.

"En verano usamos un calzado que no estabiliza el pie y el gasto energético de la musculatura es mayor porque en muchas ocasiones el pie es el encargado de sujetar el zapato y no al revés. Esto genera sobrecargas y distintas lesiones, que después se verán reflejadas al retomar el calzado de invierno", explica Leire Unanue.

En este sentido, la experta ha explicado que la anchura y la largura son factores importantes para que no se padezcan presiones laterales ni engarramientos de los dedos, ya que, si el calzado no respeta la largura del pie, los dedos se engarran para caber dentro del mismo.

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"Esta postura forzada aumenta la fricción en el dorso de los dedos y produce un hiperapoyo de los pulpejos de los dedos, que puede lesionar las uñas, dando lugar a hematomas o engrosamientos de las mismas", señala.

Además si se padece alguna patología como juanetes, dedos martillo, pies planos o similar, "lo adecuado sería acudir al podólogo y ver si existe tratamiento ortopédico y/o quirúrgico a las alteraciones que se sufren".

Dos últimas precauciones a tener en cuenta para caminar por casa descalzos: evitar los cambios drásticos de temperatura, y si tenemos los pies helados, no ponerlos encima de la calefacción.